El fenómeno de la violencia en las escuelas no es ajeno a nada ni a nadie. Por desgracia, se encuentra no solo en Argentina, sino además en otros países del mundo y con mucha frecuencia vemos como los casos inundan los medios de comunicación causando estupor y conmoción en la audiencia con los testimonios y narraciones de los hechos y mas aun, cuando se dan a conocer los motivos o fundamentos en los cuales se basan para producir semejantes actos atroces en un lugar al que uno va a formarse y a educarse.
Como no puede ser de otra manera, la problemática ha trascendido y cruzado barreras que van mas allá de lo político, económico y social. Esto se explica porque no hay razón para evitarlo o serle esquivo, esta en todos lados y cada mes hay un caso nuevo, por ende es imposible que este conflicto sea dejado de lado y olvidado fácilmente, siendo Argentina un país en donde se han producido innumerables casos.
La sociedad de por si se ha tornado violenta, parecen estar en extinción la amabilidad, la honestidad, la sinceridad, el compromiso por el estudio y trabajo, la lealtad, el respeto, compañerismo, entre otras cosas. Lamentablemente, la sociedad Argentina esta auspiciada por el oportunismo, la viveza, la envidia, fomentamos la vagancia y los adolescentes actualmente parecen no plantearse objetivos y metas. Pero se le puede echar la culpa a nuestra generación, una frase muy gastada es: “Yo a tu edad no hacia eso”, “la juventud de hoy en día esta perdida”. Señores, es hora de ponerse los pantalones y aceptar de una vez por todas que las consecuencias del futuro son causadas por el pasado. Si hoy estamos así, es porque las anteriores generaciones no fueron tan buenas y ejemplares como dicen ser, porque son nuestros padres y los adultos los ejemplos o roles que tendemos a imitar cuando crecemos. De todas maneras, es sabido que los adolescentes a lo largo de los años cambian, porque cambian las modas, las ideas, las tendencias, las sociedades, las economías y la política.
Hoy, los chicos no se quedan callados para nada, si tienen que defender una postura o un ideal lo van hacer a capa y espada; esto antes era totalmente impensado, en la apoca de nuestros abuelos o padres de solo imaginarse que podían contestarle a un profesor o en el mayor de los casos agredirlo se les erizaba la piel y preferían que ni se les pase por la cabeza, pero cabe destacar que en otros tiempos el respeto era un dogma y los jóvenes no tenían una dimensión sobre igualdad entre ellos y un adulto. Es por tal motivo que es común ver que a temprana edad, en el seno familiar, un nene de 5 años le conteste de mala manera a su padre o se rebele ante una orden haciendo berrinches caprichos. Lo mismo pasa en la adolescencia, sin duda una etapa sumamente difícil en la que los padres pasan a estar en segundo plano y uno busca su lugar en el mundo a base de llamados de atención, como así también mediante maneras de actuar y pensar.



0 comentarios:
Publicar un comentario